miércoles, 27 de junio de 2012

Entrevista realizada como socia de: EL CLUB DE LAS ESCRITORAS.



Saludos blogueros, el día de hoy les traigo una pequeña entrevista que he realizado como nueva social de: "EL CLUB DE LAS ESCRITORAS", no me había dado tiempo de realizarla, pero por fin aquí se las dejo para que conozcan un poquito más de mí. ORGULLOSA SOCIA 196.

1.- ¿De donde eres y que edad tienes? R= Soy del  estado de Hidalgo, en México, y tengo 28 años.

2.- ¿A que edad descubriste tu pasión por la lectura? R= Desde niña leía, no recuerdo bien la edad pero sí que mi mamá me compraba libros de poesía.

3.- ¿Y por la escritura? R= También desde niña, escribía poesía, aun mi madre tiene enmarcados en la casa uno que otro poema que le hice a ella, aunque relatos y escritos más laboriosos no tiene mucho, como unos dos años.

4.- ¿Alguna vez has intentado que alguna editorial te publicara? R= Por ahora no lo intentado, pero no descarto el hacerlo.

5.- ¿Cuantas historias tienes ya terminadas y cuantas en proceso? R= Tengo tres historias iniciadas que publico en mi blog, una de ellas casi concluida aunque voy publicándola en el blog poco a poco.

6.- En el pasado... ¿habías pensado alguna vez en llegar a compartir tus escritos con los demás, o jamás llegaste a esa conclusión hasta que por medio de la existencia de los blogs, decidiste hacerlo? R= Fue por los blogs, todo comenzó por el hecho de compartir mis opiniones respecto a los libros que leía, así que una amiga y yo decidimos abrir un blog literario, y ya posteriormente me animé a publicar mis escritos haciendo mi propio blog para ello.

7.- ¿Que genero te gusta más a la hora de escribir, lo sobrenatural, histórico, erótico, de todo un poco...? R= Yo creo más bien de todo un poco, la historia llega a mi cabeza y comienzo a plasmarla.

8.- ¿Que criatura nocturna te gusta más, los vampiros, demonios, licántropo... o ninguna? R= Yo creo me iría por los vampiros, y no es porque estén muy de moda, sólo es que se me hacen criaturas bastante seductoras y misteriosas.

9.- ¿Con que frecuencia sueles escribir, una vez a la semana, todos los días...? R= No tengo un horario o periodicidad para escribir, simplemente cuando el trabajo y las ocupaciones lo permites, porque algunas veces no se puede.

10. ¿Te ha parecido interesante esta iniciativa de Dulce Cautiva, o simplemente te es indiferente? R= Es una iniciativa bastante interesante e innovadora, da la oportunidad de darnos a conocer y de conocer a personas con intereses comunes como es la escritura, lo cual es grandioso, además hay espacio para todos, me ha dado gusto leer las demás entrevistas y saber que somos muchas a las que nos gusta escribir y que la edad no es un obstáculo.

miércoles, 20 de junio de 2012

La Asunción (Tercera Parte)


Saludos blogueros, regreso el día de hoy para continuar con esta historia de “La Asunción”, esta sería la tercera parte, espero y les guste el giro que está tomando, procuraré actualizarla más frecuentemente, por el momento me despido y como siempre estoy atenta a sus comentarios. 

La Asunción, leer más AQUÍ

LA ASUNCIÓN
TERCERA PARTE


La tenue luz de la luna parece darle a todo un tono más misterioso. Carlos avanza silencioso por los terrenos de los Álvarez. Se detiene al fin frente a una reja, gruesos barrotes dejan ver un largo pasillo, pero esta vez cuando empuja no se abre. Su rostro se ilumina cuando se da cuenta que su pequeño cuerpo puede pasar por entre los espacios. Un pie y luego un brazo, y en pocos segundos está del otro lado.
En el interior el ambiente se nota húmedo y la oscuridad es latente, envuelve rápidamente a Carlos y en un momento dado únicamente se escucha el eco de sus pasos. Sigue prácticamente a tientas, apoyándose de las paredes que dejan en sus manos residuos polvorientos.
En realidad no lleva caminando mucho rato, aunque a Carlos el camino se le hace eterno y por su cabeza cruza la idea de regresar por donde vino. Pero no, ya está ahí y no planea echarse para atrás y dejar que lo venza el miedo. Una actitud bastante valiente para un niño de siete años.
A sus oídos llega el golpeteo singular de gotas cayendo —seguramente alguna tubería rota— y un resoplido que no puede identificar, aunque se le antoja lejano. En el clamor de la oscuridad apenas puede verse un bulto echado en el piso.
Carlos avanza otros pasos y de repente la sensación de que algo va mal lo invade. El bulto en el piso comienza a moverse y le entran ganas de correr. Unos ojos brillantes lo observan en la penumbra.
«Un monstruo», piensa.                    
Carlos gira y se empeña en regresar por el camino andado. Un ligero rugido surge a su espalda y trata de avanzar tan rápido como se lo permiten sus pequeñas piernas. Es entonces cuando las campanadas del reloj de la iglesia llegan a sus oídos. El sonido le parece escalofriante y un sudor frío le recorre la espalda.
Sin saber cómo casi llega a la reja de la entrada, sólo que antes de poder cruzarla, tropieza y cae de bruces contra la superficie plana. Unas lágrimas recorren su cara y cuando se da la vuelta lo tiene enfrente, a punto de atacar. Para Carlos es el perro más grande que ha visto en su vida. Sus gruñidos y ladridos no le parecen los de un perro normal.
«Seguramente este perro come niños», es lo primero que cruza por su cabeza.
Lo observa directamente a los ojos, que siguen refulgiendo en la oscuridad como si de linternas se trataran. Su pelaje es negro, o al menos eso le parece a la escasa luz del lugar. Nota una baba que le escurre del hocico y los dientes filosos lo mantienen hipnotizado.
Carlos ya lo da todo por perdido, si sale de allí seguramente será sin una pierna o sin una mano, entonces tendrá que usar un garfio o una pata de palo. Se dice que nunca más volverá a ignorar las órdenes de sus padres. Las lágrimas del rostro se han convertido en goterones y nota la nariz húmeda. No se ha dado cuenta que está gritando, aunque no es el único.
—¡Brako! ¡Aquí! —la voz potente de un hombre pone fin a los ladridos.
La respiración de Carlos se acompasa y se seca las lágrimas con la manga de su camisa.
—Gracias, señor —alcanza a balbucear.
El hombre no contesta. Carlos observa como ata al perro de una cadena sujeta a la pared y entonces se le acerca. Lo toma del brazo de mala manera y lo levanta de un tirón.
—Me lastima —se queja Carlos.
El hombre abre la reja y ambos cruzan el umbral. A la luz de la farola Carlos puede observar bien al desconocido. Es un hombre alto, con el cabello cano desaliñado y una barba larga y tupida. Al caminar le nota un ligero renqueo en la pierna derecha. Su vestimenta se aprecia sucia y a Carlos a simple vista le parece demasiado viejo, pero la presión que el hombre ejerce en su brazo lo contradice.
—Señor, ¿a dónde me lleva? —le pregunta.
Hasta el momento el hombre no ha emitido sonido alguno. «Quizás sea mudo», se dice Carlos.
—Mire, tengo que irme a casa —menciona—. Mi padre es el doctor Duarte. ¿Lo conoce?
Ante la mención del doctor el hombre cambia por completo su expresión, si antes se le veía molesto ahora parece furioso. Se detiene de golpe y sujeta a Carlos de los dos brazos.
—¡Sé muy bien quien eres niño estúpido! ¡¿Qué hacías aquí?! —le grita en tanto lo zarandea—. ¡Debí haber dejado que Brako te destrozara!
El miedo que siente ahora Carlos es distinto, nunca antes ha sentido algo parecido. De repente tiene la seguridad de que el hombre que está frente a él puede hacerle daño, mucho daño.
—¡Suélteme! —le dice con la voz distorsionada por el llanto que de nueva cuenta está por salir—. ¡Suélteme!
En esta ocasión es una voz distinta la que lo ayuda.
—¡Te está diciendo que lo sueltes! ¡Suéltalo ahora, Demetrio!
La voz de la mujer no deja margen para replica. Demetrio la observa y suelta a Carlos al instante.
—Señora —dice bajando la cabeza—. Encontré al niño adentro de la casa, planeaba llevarlo con el señor…
 —El señor Álvarez no tiene tiempo para estos asuntos —le interrumpe —está muy enfermo y el doctor Duarte se está ocupando de que mejore. No querrás tratar mal a su hijo, ¿verdad?
—No señora. Si me permite lo llevaré a su casa…
—¡No! Lo llevaré yo.
Carlos nota como la respuesta sorprende a Demetrio y la mirada que le dirige antes de marcharse le produce un escalofrío.
—Cualquier cosa que el doctor Duarte necesite quiero que se la facilites y diles lo mismo a todos los demás empleados. No tardaré.
—Sí, señora.
Carlos y la mujer se quedan solos. La observa atento, nunca antes la había visto. Luce muy joven, al menos mucho más joven en comparación de los demás habitantes del pueblo. Tiene una figura delgada como la de su madre, sus ojos son del color de la miel y su cabellera larga es rojiza. La mujer le sonríe.
—Soy Alexia Álvarez —y mientras estira la mano añade: —¿Nos vamos?
Carlos se acerca a paso lento, dudoso, pero cuando toma la mano de Alexia de inmediato se siente seguro. Quizás no fue tan mala idea salir de casa.