jueves, 27 de diciembre de 2012

Síntoma y antídoto


Noche de inspiración, lo que sigue lo he terminado de escribir apenas hace unos instantes. No sé a qué se deba este estado de ánimo melancólico, pero fue lo que salió. Espero y les guste, como siempre estoy atenta a sus comentarios.  



SÍNTOMA Y ANTÍDOTO


El corazón se congela, de a poco, casi sin notarlo. Los latidos se vuelven escasos, sólo los necesarios para que de algún modo todo siga su marcha. Hasta la respiración se vuelve distinta, algo agitada, y los suspiros desaparecen por completo, una especie de resoplidos toman su lugar y resulta difícil llenar de aire los pulmones.

Amanece y los ojos son incapaces de distinguir la luz del sol, todo se vuelve opaco. Una ligera lluvia parece tormenta y el ánimo está en constante desaliento, apenas el roce de una pluma puede provocar llanto. El sueño se pierde en algún lugar distante y el insomnio se instala obsesivo en la funda de la almohada.

A pesar del cansancio, el dormir deja de ser una opción. Las pesadillas avanzan por las noches y se pegan a las paredes, arrasando con lo poco que queda de cordura. Si se busca consuelo, lo único que se encuentra es un aplastante silencio. La soledad lo rodea todo y es imposible esquivarla, se aspira y se va convirtiendo en tu sombra.

Regularmente el frío se intensifica. Corrientes de aire se cuelan por cualquier resquicio. El abandono se vuelve implacable, acecha, reduce, ahoga… pero no es nada que no pueda curarse. El mejor antídoto para el desamor es el tiempo.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Cambio de página


Tengo el firme propósito de actualizar el blog más frecuentemente, así que en tanto me pongo al día con las historias largas, aquí les dejo un nuevo relato que he escrito el día de ayer. Espero y les guste, como siempre estoy atenta a sus comentarios.  

Pintura al óleo del artista inglés Rob Hefferan.


CAMBIO DE PÁGINA



Llevaba varias horas sentado en el jardín de su casa, a la sombra de un viejo roble que lo ocultaba de los rayos del sol. Tenía en sus manos un libro que se notaba viejo, pero hace rato que había dejado de leer. Como ya era habitual, cada vez que tomaba ese libro, no podía leer más allá de la página 105. Las líneas que allí se guardaban le hacían rememorar viejos tiempos.
Para cualquier otra persona, esa página no tendría nada de especial, pero para él significaba muchas cosas, marcaba un final y el principio de lo que había sido su nueva vida. Para ser más precisos su vida sin ella.
La memoria es portadora de muchos recuerdos y no sólo trabaja con imágenes, algunas veces trae consigo hasta los aromas más singulares. En esa ocasión, él pudo percibir su perfume y era un olor único, sólo ella desprendía ese aroma y le sorprendió a sobremanera que su mente lo evocara, pues ya lo consideraba perdido.
Mantuvo la mirada fija, esperando que nada lo interrumpiera en su viaje al pasado. Pudo ver su habitación —la que compartía con ella—, los cuadros en las paredes, fotografías, los libros desparramados por todos lados: en el buró, en la cama, en las cajoneras… y pudo verla a ella, sentada en el balcón con los pies en alto sobre la baranda. Sostenía en sus manos un libro con la cubierta rugosa, ya no podía leerse el título y le faltaba la contraportada. Ella adoraba ese libro, lo llevaba a todas partes, hasta esa noche.
La lluvia arreciaba afuera, el balcón estaba mojado al igual que sus pies, pero ella no se movía, estaba absorta en la lectura. Él suponía que no se había dado cuenta de su presencia, hasta que ella habló.
—Si algún día me marcho —dijo de la nada— esta será mi despedida, ¿lo ves? Justo lo que se dice en esta página. ¿Me dejarás partir?
—Si quisieras marcharte, no te detendría.
—Bien.
—¿Acaso pretendes dejarme? ¿No eres feliz conmigo?
Ella calló por un instante, como pensando la respuesta y él, por primera vez, sintió miedo de perderla.
—Jamás había sido tan feliz. Creo que he alcanzado el nivel máximo de felicidad —respondió en tanto sonreía.
Habrá sido por esa sonrisa, pero él no se dio cuenta que ella no respondió a la primera pregunta.
 Un par de días después, el silencio de su partida fue perceptible apenas cruzó la puerta. Todas las ventanas estaban abiertas y cada habitación estaba atestada con los ruidos provenientes de la calle, pero ninguno de esos sonidos era ella, fue así como lo supo. Ninguna canción sonaba en el estéreo, su risa no llegaba a sus oídos ni su voz le daba la bienvenida. Sobre la silla que ocupaba el balcón había dejado su libro y un lápiz que servía de marca páginas.
No supo cuanto tiempo estuvo allí, sentado solo en el balcón. Lo único que recordaba es que ya había anochecido cuando le avisaron lo que de sobra sabía. Ella no sólo se había despedido de él, se había despedido de la vida.  
Bajo el viejo roble, ya con la luz del atardecer dándole un color rojizo a todo el panorama, acarició la cubierta rugosa del libro que tenía en las manos, las hojas estaban amarillentas y deslizó sus dedos sobre ellas hasta dar de nueva cuenta con la página que buscaba. Un párrafo destacaba subrayado con tinta azul y comenzó a leer…
«A esta vida nada tengo que reprocharle, recibí más de lo que pude desear. El amor se me dio a raudales, obtuve dicha genuina y fui partícipe de la felicidad. El amanecer anuncia mi partida, será éste el que guíe mis pasos por senderos nunca transitados, promete una nueva aventura y ha llegado el momento de emprenderla. El corazón soltará su último suspiro, pero el alma abrirá sus alas y surcará los cielos. No hay tiempo para lamentaciones pues cada final trae consigo un nuevo comienzo, yo voy en busca del mío…».
Dejó de leer cuando sus ojos se anegaron de lágrimas. Se levantó y estiró las piernas. Ajeno a lo que sucedía a su alrededor él se dispuso a seguir leyendo, al fin lo comprendía, algunas veces amar también significaba olvidar, él estaba listo para hacerlo y después de muchos años por fin se atrevió a dar vuelta a la página.

lunes, 24 de diciembre de 2012

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!



"¡Oh! Pero Scrooge era atrozmente tacaño, avaro, cruel, desalmado, miserable, codicioso, incorregible, duro y esquinado como el pedernal, pero del cual ningún eslabón había arrancado nunca una chispa generosa; secreto y retraído y solitario como una ostra. El frío de su interior le helaba las viejas facciones, le amorataba la nariz afilada, le arrugaba las mejillas, le entorpecía la marcha, le enrojecía los ojos, le ponía azules los delgados labios; hablaba astutamente y con voz áspera. Fría escarcha cubría su cabeza y sus cejas y su barba de alambre. Siempre llevaba consigo su temperatura bajo cero; helaba su despacho en los días caniculares y no lo templaba ni un grado en Navidad".  Cuento de Navidad - Charles Dickens.

MI DESEO PRIMORDIAL PARA ESTA NAVIDAD, ES QUE NINGUNO DE NOSOTROS SEA COMO SCROOGE : D

¡FELIZ NAVIDAD AMIGOS BLOGUEROS, PAZ Y AMOR PARA TODOS!

martes, 18 de diciembre de 2012

Concurso "Navidad en Travesía Literaria"


Saludos blogueros, el día de hoy desperté con una idea en mi cabeza: “CONCURSO NAVIDEÑO", así que me decidí realizarlo en mi blog de “TRAVESÍA LITERARIA”. De hecho es el primer concurso que organizo dentro de este blog, así que espero que se apunten. Primero que nada, cabe mencionar que el concurso será “NACIONAL” (sólo para México), me habría gustado hacerlo internacional, pero lamentablemente mis posibilidades económicas actualmente no dan para más. El concurso da inicio el día de hoy y concluye el 18 de Enero del 2013, y estaré anunciando al ganador a más tardar el día 20 del mismo mes y año.

Ahora hablemos de lo que se pueden ganar. He decidido que serán dos libros los que se llevará el ganador y son los siguientes:

1.- Canción de mar, Sirenas 1 – Amanda Hocking.


2.- Cometas en el cielo – Khaled Hosseini.


Y ahora que ya saben cual puede ser su premio, pasemos a las bases:

1.- Ser seguidor del blog "Travesía Literaria" (+3)
2.- Llenar el formulario.

Las bases anteriores son obligatorias para que puedan participar, además de que con el hecho de hacerlo habrán ganado puntos que serán tomados en cuenta para elegir al ganador.

Puntos extra:

1.- Crear una entrada anunciando el concurso (puede ser compartida) (+2)
2.- Llevarse el banner del concurso (lo encuentran en la sidebar derecha) (+2)
3.- Ser seguidor de “Travesía Literaria” en Facebook (+2)
4.- Conteo de puntos (+1)

CONCURSO CERRADO

¿Qué tal les ha parecido el concurso? Espero que lo hayan encontrado interesante y que decidan apuntarse. Me despido blogueros y como siempre estoy atenta a sus comentarios. 

lunes, 17 de diciembre de 2012

Pasión de Navidad (información general)


PASIÓN DE NAVIDAD

SINOPSIS.
"Pasión de Navidad" surge por iniciativa de El Club de las Escritoras. Es una compilación de relatos románticos contemporáneos, históricos y paranormales ambientados en las festividades navideñas, escritos por reconocidas autoras del universo de los blogs literarios.
El resultado ha sido este atrapante material que reúne diferentes relatos unidos por un lazo en común, la Navidad, que sin duda logrará revivir tus recuerdos y hacerte palpitar con cada una de sus letras.
Esta Navidad, atrévete a soñar con sus autoras.


Esta es una entrada rápida a fin de darles a conocer toda la información sobre "Pasión de Navidad". En anteriores entradas les he hablado ya del libro, esta antología de relatos organizada por El club de las escritoras, cuyas páginas guardan a varias autoras, en las que me incluyo. He hablado mucho del libro y me he guardado lo mejor, pero aquí les dejo todos los datos que omití referir. 
Por si les interesa comprarlo o bien adquirir la versión PDF GRATIS, pueden dar clic en los siguientes enlaces.

Pasión de Navidad - DESCARGA GRATIS PDF.

Pasión de Navidad - Compra en PAPEL o en versión KINDLE (en amazon.es)

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Pasión de Navidad - Compra en PAPEL (en createspace)



Esta Navidad...
Atrévete a soñar con nosotras.

El Club de las Escritoras

Me despido blogueros, como siempre estoy atenta a sus comentarios. ¡Saludos a todos!

domingo, 9 de diciembre de 2012

Pasión de Navidad - ¡LANZAMIENTO!


Hola blogueros, les comparto la portada y sinopsis de la nueva antología de relatos de EL CLUB DE LAS ESCRITORAS, la cual lleva por nombre "PASIÓN DE NAVIDAD" en la que como ya les había mencionado me incluyo entre sus páginas, pues participo con un relato. 
Les recuerdo que la fecha de lanzamiento es mañana 10 de diciembre del 2012, así que  podrán descargar el libro gratuitamente en formato Kindle o en PDF, o si lo prefieren, adquirirlo en papel a precio de costo  a través de AMAZON, para más información pueden pasar al blog de EL CLUB DE LAS ESCRITORAS. Por cierto, les recomiendo que estén atentos porque apenas consiga el libro, seguramente obsequiaré uno para ustedes. 

PASIÓN DE NAVIDAD

SINOPSIS.
"Pasión de Navidad" surge por iniciativa de El Club de las Escritoras. Es una compilación de relatos románticos contemporáneos, históricos y paranormales ambientados en las festividades navideñas, escritos por reconocidas autoras del universo de los blogs literarios.
El resultado ha sido este atrapante material que reúne diferentes relatos unidos por un lazo en común, la Navidad, que sin duda logrará revivir tus recuerdos y hacerte palpitar con cada una de sus letras.
Esta Navidad, atrévete a soñar con sus autoras.

Les dejo también el book tráiler, ya me dirán que les ha parecido.


Esta Navidad...
Atrévete a soñar con nosotras.

El Club de las Escritoras

Me despido blogueros, como siempre estoy atenta a sus comentarios. ¡Saludos a todos!

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Fermín


Saludos blogueros, paso de rápido para actualizar un poco el blog. Aún tengo varias historias pendientes que en cuanto salga de vacaciones me pondré al corriente con ellas. Por mientras les dejo este relato que apenas escribí el día de ayer, esperando que disfruten leyéndolo, como siempre estoy atenta a sus comentarios. 


FERMÍN

La mayor parte del tiempo se le veía solo. Caminaba sin rumbo fijo por las calles de la ciudad. Su cabello enmarañado le llegaba al hombro y su barba blanca lucía ya grisácea a causa de la mugre. Vestía un traje café, tan gastado, que mostraba hoyos en todas partes. Pero sus botines negros los llevaba invariablemente brillantes. Cargaba siempre con una botella de whisky, aunque por extraño que parezca, nunca se le vio borracho.
En sí, era un mendigo. Un hombre como muchos de los que se llegan a ver en las grandes o pequeñas ciudades. Los encuentras en todos lados: en las iglesias, en las banquetas, fuera de los restaurantes, y alguna vez hasta apostados a la puerta de mi casa, ocasión en la que mi madre sacó la escoba y a voz en grito corrió a aquél intruso de la entrada.
Mi padre los calificaba como gente sin oficio ni beneficio, pero yo siempre creí que todos ellos tenían una historia que contar, aquella que los había llevado a pasar sus días de ese modo, lejos de todo y de todos, lejos de hasta la vida misma.
Así era Fermín, bueno, en realidad no se llamaba así, pero para un niño de diez años Fermín era tan adecuado como cualquier otro nombre. Lo veía habitualmente en el mismo lugar: en el parque que se ubicaba enfrente de la oficina de papá. Se sentaba en una banca cerca de la fuente, con la vista perdida en un punto lejano, a la misma hora, sin importar si llovía o si el sol abrasaba.
Se decían muchas cosas de él, y cada vez que alguien lo mencionaba yo prestaba total atención, más aún que en mis clases de francés, y eso que la maestra me gustaba. Para mí, Fermín era un personaje grandioso y a los empleados de mi padre no les pasó desapercibida mi creciente fascinación. Fueron ellos los que me contaron parte de lo que había sido su vida, el resto, lo importante, lo supe directamente de él.
«Fermín no siempre fue mendigo», fue la primera verdad que llegó a mis oídos y me pareció increíble. Un hombre de mundo, de buena familia y con dinero. Para ser sincero no podía imaginarlo así, sentado en un auto de lujo mientras dirigía sus negocios o qué se yo. Ni siquiera me lo podía imaginar limpio, sin barba o con el cabello corto.
Después de saber eso, difícilmente podía despegar los ojos del parque. Seguía a Fermín con la mirada y a mi padre le molestaba. Decía que me gustaba perder el tiempo, pero fue él quien puso la idea en mi cabeza.
«¿Qué planeas? ¿Hacerte amigo de un mendigo?», fue lo que dijo y el solo hecho de pensarlo revolucionó mis días. No sé si fui su amigo, a veces quiero creer que sí, o quizás sólo lo hartó la mirada insistente de un niño y respondió a mis preguntas para que simplemente lo dejara en paz.
Comencé a bajar al parque todas las tardes, cuando papá estaba en junta. Fingía estar entretenido con la fuente, con los pájaros que se veían en los árboles, con los demás niños que se divertían en los columpios o jugando a la pelota, pero indiscutiblemente estaba al pendiente de Fermín. Recuerdo que después de un tiempo comenzó a hablarme, en realidad no mucho, pues parecía gustarle el silencio, aunque lo poco que decía siempre me pareció importante.
Era un hombre sumamente inteligente, casi como mi padre, lo sabía por las palabras que utilizaba cuando hablaba, dado que algunas no las entendía. A veces, me contaba de lugares que ni siquiera había escuchado nombrar. Describía absolutamente todo, hasta la comida, y lo hacía despacio, concienzudamente, utilizando un tono de voz que sólo después pude identificar como añoranza.
No pasó mucho tiempo en que mi padre se diera cuenta de que bajaba al parque a hablar con Fermín, y me prohibió rotundamente el seguir haciéndolo. Fue la primera vez que me sentí verdaderamente triste. No obstante la prohibición, decidí despedirme de él y hacerle una última pregunta: «¿Qué lo había llevado a vivir así?». La mente de un niño consideraba inconcebible que un hombre con dinero y cultura fuera un simple mendigo.
Aquella tarde en que lo vi por última vez, llovía a cantaros. Corrí por el parque envuelto en un impermeable amarillo hasta llegar a donde estaba, y aún hoy, la frase que pronunció sigue resonando en mi memoria. Fue una respuesta profunda, propia de un hombre que ha dejado ir toda esperanza, aunque no apta para que un niño la entendiera.
Lo que en esa tarde trató de explicarme cobró sentido mucho tiempo después, cuando pude entender las vicisitudes de la vida. Ahora, que soy un adulto, sobra decir que las palabras de Fermín siguen haciendo eco en mis días. Me habló de la única cosa que puede llevar a un hombre a lo más alto del cielo y al mismo tiempo sumergirlo en un pozo sin fondo, arrojándolo a las profundidades del más obscuro abismo. Lo que me dijo fue: «Fui dueño del amor y lo perdí».

lunes, 12 de noviembre de 2012

Pasión de Navidad


PASIÓN DE NAVIDAD

Hola blogueros, esta es una entrada promocional. Será pequeña, pues por ahora no puedo proporcionarles todos los detalles, aunque apenas los tenga los compartiré con ustedes. Se acerca la fecha de lanzamiento de la nueva antología de relatos de EL CLUB DE LAS ESCRITORAS, y pues a decir verdad estoy bastante emocionada. 
La antología lleva por nombre "PASIÓN DE NAVIDAD" y en esta ocasión me incluyo entre sus páginas, pues participo con un relato. 
El lanzamiento de esta antología se realizará el 10 DE DICIEMBRE DE 2012, estará disponible GRATIS en formato Kindle y PDF e IMPRESO A PRECIO DE COSTO.
Estén atentos, ya falta poco y tendrán la oportunidad de leer a varias autoras, que como yo, pertenecen a este maravilloso club. 

Esta Navidad...
Atrévete a soñar con nosotras.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Tu recuerdo


Saludos blogueros, de nuevo por aquí a fin de compartir con ustedes este texto al que puse por nombre: Tu recuerdo. Espero y les guste lo que lean. Como siempre estoy atenta a sus comentarios, así que no se vayan sin antes dejarme su opinión. Nos leemos pronto.

Pintura al óleo del artista inglés Rob Hefferan.

TU RECUERDO

Cuando tengo ganas de llorar, entonces doy forma a tu recuerdo. Lo amoldo a mi conveniencia cual arcilla entre mis dedos y vuelves a mí nítidamente, como si nunca te hubieras ido. Caminas por la casa y avanzas llenándola de tu presencia, de tu aroma, de tus sonidos.  

Pongo a Serrat en el estéreo y creo el ambiente perfecto. Con una botella de vino y unos cuantos cigarrillos, damos inicio a la plática y reímos a carcajadas rememorando los buenos tiempos. Nos sonrojamos con aquellos besos y ninguno de los dos menciona despedidas. No te cansas de decir “te amo”, al fin de cuentas es mi historia y en ella hago contigo lo que quiero.

Ese espejismo tuyo algunas veces supera la realidad, será porque no es más que una fantasía, pero a pesar de eso siempre me pone de buen humor. Mi mirada recobra ese brillo que tanto te gustaba y despierta el deseo de regresar sin vacilaciones al empedrado sendero de la vida.

De vez en cuando doy forma a tu recuerdo, sólo si tu ausencia se vuelve aplastante y las lágrimas pugnan por salir. Descuelgo del armario las camisas que olvidaste y me arropo con ellas, entonces sueño contigo y nuestra historia vuelve a empezar.

Vivo de tu recuerdo, pero no peco de ingenua, sé bien que no estás. Bajo esta quimérica ilusión se encuentra la certidumbre de tu partida.  Eventualmente habré de seguir y es cuando surge la idea en mi cabeza, la llave que posiblemente abrirá la puerta: «Quizás, en el refugio de unos nuevos brazos, al fin pueda olvidarme de ti».

martes, 30 de octubre de 2012

Proyecto octubre - Los dos mundos: Encuentro fallido.



Saludos blogueros, les dejo mi proyecto del mes de octubre para Adictos a la escritura: LOS DOS MUNDOS. El proyecto consistía en realizar un relato tomando como base central la festividad de todos los santos o halloween, debiendo versar sobre la noche en la que el mundo de los vivos y los muertos se mezclan. Así que el siguiente relato es lo que surgió, espero haberlo realizado acorde a lo requerido, espero su opinión y como siempre estoy atenta a sus comentarios.


ENCUENTRO FALLIDO



Un relámpago llenó de luz la estancia, reduciendo por un momento la oscuridad. El olor a flores embargaba el ambiente y al fondo del pasillo se distinguía una veladora encendida: una luz titilante apenas perceptible.
La lluvia arreciaba y un viento fuerte agitaba los árboles situados en el camino que llevaba a la entrada. Celeste mantenía una mano pegada a la ventana, con la mirada perdida en un punto lejano, sin realmente ver nada.
Afuera hacia frío, y ella, en el interior de la casa, bajo el chal que cubría sus hombros temblaba. Una sensación extraña le recorría el cuerpo, cual corriente eléctrica: la expectativa de lo que esa noche prometía y que se avecinaba.
Un ruido a su espalda hizo que todos sus sentidos despertaran, pero se dijo que aún era pronto, que seguramente había sido otra cosa. No obstante, cerró por un momento los ojos y se centró en los ruidos que llegaban a sus oídos.
Reconoció el sonido de la lluvia, del viento colándose por las rendijas, incluso pudo apreciar el crepitar del fuego que ardía en la chimenea de la otra habitación, pero de él nada. Aún no estaba con ella. «Todavía no», se dijo.
Abrió los ojos y observó a su alrededor. El lugar estaba en penumbras, pero reconocía cada cosa con sólo distinguir su silueta: las fotografías que adornaban las paredes, el jarrón azul que consiguieron en un mercado, el sofá que él se había empeñado en comprar a pesar de que el color era horrible.
Sonrió para si cuando recordó el argumento que él había utilizado para convencerla de comprarlo. «¿Qué tanto me amas?», le había preguntado, y entonces se lo había enseñado en la tienda. Dos días después ambos estaban sentados en ese sofá. «El sofá más feo del mundo», le había dicho ella, pero al final tuvo que reconocer que era bastante cómodo.
Detuvo sus recuerdos de golpe antes de que la dejaran hecha un guiñapo, una muñeca rota incapaz de recomponerse. No quería que él la viera así. Había practicado la mejor de sus sonrisas y esperaba que él la notara feliz, aunque no fuera del todo cierto.
Avanzó por la estancia, recorriéndola de un lado a otro con gesto nervioso. Quería verlo y no podía controlar por más tiempo la ansiedad de sentirlo cerca. Al fin, el reloj anunció la hora con sus características campanadas: era exactamente la medianoche.
Se sobresaltó cuando oyó pasos a su espalda. Se giró sorprendida y a tiempo estuvo de ver una sombra que transitaba por la casa. Se escuchó un portazo y después una suave música terminó por borrar todo rastro de silencio.
Absorta, Celeste siguió la música, reconociendo la melodía como si fuera suya. Avanzó en dirección al pasillo y no se detuvo hasta llegar al umbral de su habitación. El ventanal que daba al jardín estaba abierto. Entonces lo vio.
Estaba de espaldas a ella, observando la lluvia, totalmente inmóvil. Ni siquiera se había dado cuenta de su presencia. Lo observó un rato más, hasta que una ráfaga de viento agitó las cortinas y entró con fuerza a la habitación. Celeste retrocedió, adentrándose en la oscuridad. Entonces, él fue a su encuentro.
Caminó directamente hacia el fondo del pasillo. El viento había apagado la veladora. Se acercó y con un cerillo volvió a encenderla. La luz proyectó sombras a lo largo del pasillo y dejo ver un pequeño altar que se alzaba encima de una mesa. Un jarrón con flores frescas se ubicaba en el centro y colgado de la pared había un retrato de una mujer.
Celeste lo miraba, casi podía tocarlo.
—¿Celeste? —dijo él y no hubo respuesta—. Debo estar volviéndome loco —concluyó.
Cuando él se dio la vuelta lo único que pudo ver fue su sombra en el piso. Ella, en cambio, pudo verlo acurrucarse en el sofá de la estancia hasta que se quedó dormido, solo entonces, ella volvió a tomar su lugar habitual.
Celeste mantenía una mano pegada a la ventana, con la mirada perdida en un punto lejano, sin realmente ver nada, sin siquiera poder ver en el vidrio su propio reflejo. 

jueves, 11 de octubre de 2012

Ruego


Saludos blogueros, les traigo estas líneas que fueron inspiradas por alguien hace poco, algo más de lo que acude a mi cabeza y que mejor manera de dejarlo salir que a través de la escritura. Espero y les guste lo que lean, como siempre estoy atenta a sus comentarios.


Pintura al óleo del artista inglés Rob Hefferan.

RUEGO

Cierra los ojos por un instante y respira, no dejes que tu mundo —en el que habito— se venga abajo. No tengo la certeza de cuando habrá de quedar atrás esa sensación de pesadumbre, pero permíteme aliviar tus penas y hacer más ligera tu carga, pues al fin y al cabo tus tristezas son las mías.


El día de hoy parece interminable, lo sé. Nubes negras han dificultado tu camino y la lluvia comienza a arreciar. La amargura va aprisionando tu corazón tras un muro que parece imposible de derribar y comienzo a sentirte lejos. Esta añoranza de ti va haciendo mella en mi alma, pero no cedo.

No cierres las puertas y abre cuando llamo. Si necesitas silencio, seré un suave murmullo, apenas una ligera brisa que despeinará tus cabellos. Si por el contrario, estás harto de este mutis absurdo, entonces llenaré de música cada rincón y ahogaré tu abatimiento. 

Cierra los ojos, respira y escucha. No pretendo convertirme en tu sombra, tan sólo quiero ser ese faro que te lleve a puerto seguro cuando la tormenta pase, porque créeme, ha de pasar y estaré allí esperando tu regreso. 

Algunas veces sólo basta con dejarse llevar, cual hoja movida por el viento. Pero si notas que tus fuerzas flaquean, no te preocupes, que de ser necesario seré desafiante luchadora y protegeré lo nuestro.

No te pido nada a cambio, es más bien un ruego: cierra los ojos, respira, escucha, pero sobre todo siente, y sólo en ese momento abre los ojos de nuevo. Si notas un leve crujir, no te agites, la batalla está ganada y el muro que cubría tu corazón está cayendo.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Abismo


Saludos blogueros, el día de hoy traigo para ustedes este relato que escribí hace ya casi en año. Es el primero con el que participé en Adictos a la escritura, quizás ya lo hayan leído, quizás no, de cualquier forma lo comparto de nuevo a fin de que me den su opinión, no sé si haya habido alguna evolución en mis posteriores escritos, yo espero que sí, estoy atenta a sus comentarios. 


ABISMO



“He was my North, my South, my East and West,
My working week and my Sunday rest,
My noon, my midnight, my talk, my song;
I thought that love would last forever: I was wrong”.
Fragmento del poema Funeral Blues del escritor
británico nacionalizado estadounidense W. H. Auden.


En los últimos instantes cruzó por su cabeza una idea loca, que le pareció inadmisible, pero dejó que se deslizara por su mente llenando cada espacio como un aire fresco. «Ella notaría su ausencia», fue el pensamiento y se aferró a él como un naufrago lo haría a un bloque de madera henchido.
Observaba los azulejos del baño mientras los contaba de izquierda a derecha, siguiendo un orden absurdo que de nada le servía, pero que le distraía por momentos de lo que había hecho. Un sentimiento que desde hace años ya no sentía tan ajeno, comenzó abrirse camino en los breves espacios de conciencia que aún le quedaban. Se sentía en la incómoda postura de un niño esperando el regaño por haber cometido una travesura.
Repasó su día, en los últimos meses apenas si había salido de su departamento. No obstante, cuando despertó esa mañana había sentido unas ansías locas de ir a buscarla. Se sentía renovado y basto de esperanza. Cuando se miró en el espejo notó un brillo distinto en su mirada, y por un momento creyó que todo volvería a ser como antes. Una actitud ingenua ante el hecho irrefutable de que el pasado nunca vuelve, que todo cambia y que ni nada ni nadie permanece inalterable al paso del tiempo. «La esperanza, a veces nos juega malas pasadas», pensó. 
Una mosca que sobrevolaba por encima de su cabeza llamó su atención, y cuando se fue a posar cerca de su mejilla ni siquiera hizo el intento de ahuyentarla. Además, suponía que sus manos ya no responderían a las débiles señales que pudiera mandar su cerebro. Sintió un ligero cosquilleo antes de que de nueva cuenta volviera a emprender el vuelo y la vio salir por la ventana. Desde allí llegaban a sus oídos los sonidos de la calle, las risas de niños en pleno juego, el motor de los automóviles en marcha, la voz amplificada de algún vendedor ambulante ofreciendo su mercancía. En conclusión, los ruidos de una agitada vida a la que él ya no quería pertenecer.
Los últimos rayos del sol de la tarde iluminaron el recinto, dándole a la escena un toque menos lúgubre. Miró en los espacios de luz las pequeñas partículas de polvo que flotaban en silencio. Podía sentir en el rostro una ligera brisa y a través de la ventana alcanzaba a distinguir un trozo de cielo que empezaba a enrojecer. Parecía una tarde como cualquier otra. El típico baño que estaba tan acostumbrado a tomar, después una sopa instantánea para la cena mientras miraba el televisor con actitud indiferente. Y quedarse dormido allí, en el sofá desvencijado, roto en la gran mayoría de sus partes, hasta que la mala postura lo obligaba a irse a la cama.
En su memoria avivaron recuerdos hasta entonces ya enterrados, dolorosos: gritos, peleas, palabras hirientes de las que ya no pudo retractarse. Rememoró la última conversación, cuando ella se marchó y ante su ausencia todo lo que le rodeaba dejó de tener un sentido. Siempre creyó que regresaría y fue consumido por una espera en vano que acabó con sus fuerzas.
«Si no se hubiese decidido a buscarla, ¿las cosas serían diferentes?», se dijo que no. Hace mucho que había perdido la batalla y se había dado por vencido. Se preguntó en que momento había sucedido y llegó a la conclusión de que fue cuando empezó hacerse obvio que no volvería. Se había sumido en un pozo sin fondo del que ya no pudo salir, apresado por sombras que lo asfixiaban y que terminaron siendo su única compañía.
Lo sucedido esa mañana se le antojaba ya tan lejano. ¿Realmente había estado allí, parado en la acera frente a su casa? Fue como si hubiera esperado una eternidad para verla y cuando apareció un revoloteo de mariposas se instaló en su estómago. Llevaba un vestido de flores y ante esa imagen hasta el mismo sol se le hizo opaco. Le pareció que se veía hermosa, toda ella irradiaba luz, se le notaba feliz y su mirada transmitía una tranquilidad que lo impulsaba a acercarse, hasta que se dio cuenta que nada de eso podía ser por él.
Se quedó inmóvil apenas un instante, pero la idea de que lo viera le asustó, caminó hasta la esquina y de repente se sintió totalmente fuera de lugar. «¿Qué demonios hacía ahí?», se dijo, «¿qué esperaba, un rencuentro emotivo, lágrimas, besos, abrazos?». Se disponía a marcharse cuando lo vio, un hombre se acercó por su espalda y la abrazó. Ese abrazo que debió haber sido suyo inició el derrumbe, pero cuando las manos de él bajaron hasta su vientre y la acariciaron con un gesto de ternura, se le escapó el último soplo que le quedaba de vida. 
Salió corriendo, como si una jauría de perros hambrientos lo estuviere persiguiendo y, sin recordar siquiera como había llegado, de repente se había encontrado frente a su edificio. Se trataba de una construcción de departamentos que parecía haber estado pintado de blanco, ahora, y con el paso de los años, no quedaba un sólo rastro de la claridad que ese color debía traer consigo. Con la pintura ya descascarada, azotada tantas veces por la lluvia y por el sol, mostraba un tono amarillento y unos tramos enmohecidos. En definitiva, no era un bonito lugar para vivir, más parecía una vía de escape para todos aquellos que quisieran ocultarse del resto del mundo. Allí se había ocultado él. ¿Por cuánto tiempo?, ya ni siquiera lo recordaba.
Ya en su departamento se sentó a pensar en su situación. El hecho de que ella estuviera bien debió haberlo reconfortado. ¿No era así como funcionaban las cosas? Si ella era feliz, era razón suficiente para que él lo fuera también. Pero en su mente retorcida y egoísta, y bajo el dolor del que se sintió presa, en lo único que pudo pensar es que no era feliz con él. Lloró como un niño acurrucado en una de las esquinas de su habitación y la idea entró fácil a su cabeza.
Se dirigió a la cocina para tomar lo que creyó necesario y de ahí fue directo al baño, donde acomodado en la tina se dispuso a realizar lo planeado. «El único plan que le saldría bien»pensó. Decidir truncar su camino fue demasiado sencillo y debió darse cuenta en ese preciso momento que nada resulta ser en realidad tan simple. Tanto camino por recorrer y lo cortó de tajo.
Sumido en un torbellino de pensamientos y recuerdos, de golpe retornó a su realidad. El olor óxido que emanaba de su cuerpo inundó su nariz y miró fijamente el agua de la tina que se encontraba teñida de rojo, formando remolinos en tonos cada vez más intensos. Apenas si notaba las ranuras que se delineaban en sus muñecas y sus párpados pesaban como grandes placas de acero. Viajaba ya en un vertiginoso sueño del que no habría de regresar.
Soltó un quedo suspiro y volvió a pensar en ella. Como luces intermitentes cruzaron por su mente su rostro, su cabello, el color de sus ojos. Se coló en sus oídos el eco de su risa e inclusive se sintió capaz de percibir su aroma.
«Ella notaría su ausencia», fue su último pensamiento y cerró los ojos para jamás volver a abrirlos.