miércoles, 27 de noviembre de 2013

Proyecto Noviembre - Yo: Gloria


Saludos blogueros, pues resulta que Adictos a la escritura ha retomado su curso después de varios meses de ausencia. El mes pasado no me fue posible participar, pero en esta ocasión les traigo mi relato de este mes denominado: YO. La idea es bastante simple, se trata de escribir el relato en primera persona y hay que realizar un intercambio de sexo en el protagonista, en mi caso, como yo soy mujer, mi protagonista habrá de ser hombre, así que sin más les dejo mi relato, espero y les guste lo que lean, como siempre estoy atenta a sus comentarios y sugerencias.


GLORIA


Conocí a Gloria una tarde que parecía ser como cualquiera, justo cuando comenzaba a anochecer y las luces de las calles se encendían una a una dando un toque naranja al pavimento. Yo me encontraba en “La plata”, un café que a mi parecer era muy al estilo bohemio. Tenía la iluminación justa para leer un libro o, si se presentaba la ocasión, para iniciar el romance si se iba acompañado de alguna chica. Además, el café era buenísimo.
Esa tarde iba solo. Llevaba un par de horas tratando de comprender los apuntes de un compañero de la facultad, a fin de prepararme para un examen sobre Derecho Fiscal que tenía que presentar unos días después, pero nada, difícilmente podía leer unas pocas líneas. La letra de ese chico era burda y más parecía la de un médico. Bueno, ya se sabe lo que se dice de la letra de los médicos: simplemente indescifrable.
Atontado por tanto cigarrillo que no paraba de fumar levanté la vista de los libros en el instante preciso en que ella entraba al café. Lo primero que miré fueron unas torneadas piernas envueltas en unos pantalones de cuero que incitaban al pecado —no hay otro modo de describirlas—, y subí de a poco la mirada recorriendo su figura.
Estaba de espaldas. Un cabello negro azabache que se perdía con el color del top que completaba su conjunto, le llegaba a la cintura. Recargada sobre el mostrador, el gerente que la miraba de frente sonreía como un bobo. Recuerdo que pensé que ese pobre viejo era muy fácil de persuadir, pues Don Bernardo —así se llamaba el viejo— coqueteaba prácticamente con todo lo que se moviera. Por esa razón, le exigí a mi corazón desbocado que se calmara un poco y dejara de emocionarse, aún no habíamos visto su rostro.
Miré un instante al techo en señal de ruego y le pedí a Dios que fuera hermosa. Mi ruego fue escuchado, aunque no sé si Dios o bien el diablo fue el que acudió a atenderlo. Para mi desgracia ella era más que hermosa.
Su piel morena lucía tersa a la luz de las pobres lámparas que pendían del techo. Quería que amaneciera para poder observar con claridad cada uno de sus rasgos y aprenderlos. Su boca estaba pintada de color carmín, tenía unos labios carnosos que se antojaba morderlos. Sus rizos largos enmarcaban su rostro ovalado y no me di cuenta que seguía mirándola fijo hasta que sus ojos se toparon con los míos.
Nos quedamos así apenas unos segundos. Me abrumó la intensidad de su mirada. Yo que siempre me había inclinado por los ojos claros, pero ¿qué de extraordinario hay en unos ojos azul mar si existían los suyos? Ojos con profundidad, ojos café intenso: chocolate líquido tras la cortina de sus párpados.
Perdí el contacto visual por bajar la vista a sus pechos —era imposible evitarlo— y me quedé así un poco más de lo que se considera educado y pudoroso. Alcé la cabeza esperando un improperio y me topé con su maravillosa sonrisa, blanca y aperlada que brillaba intensamente cual estrella en el cielo.
Se acercó con paso seguro a mi mesa. No la invité a sentarse, estaba mudo, quieto como una estatua ante su imagen perfecta, creo que la palabra correcta era embrujado, aun así ella se sentó.
—¡Qué mal hábito! —dijo meneando la cabeza y sus rizos se agitaron.
Yo no comprendí a que se refería hasta que señaló con un dedo el cigarrillo que se consumía en el cenicero. Me disponía a apagarlo cuando estiró el brazo y me detuvo. Tomó el cigarrillo con su mano y lo acercó a su boca. Sus labios se amoldaron al delgado cilindro y dio una profunda calada. Soltó el humo en mi rostro y, así como Don Bernardo lo había hecho, me encontré sonriendo también como un bobo.
—¿Estudiante de Derecho? —preguntó y me lanzó una mirada de arriba a abajo con cierto desprecio.
Fui consciente hasta entonces de mi camisa blanca que sobresalía por debajo de un suéter verde de cuello V, de mis mocasines y de mi pantalón caqui impecablemente planchado. Me sentí fuera de lugar con mi aspecto algo desgarbado y mi piel pálida. Seguramente en mi frente descansaba ese mechón rubio que difícilmente se acomodaba por más que intentara peinarlo. Era como un niño al lado de una mujer fatal.
En ese instante lo hubiera dado todo por ser más como ella. Vestir de negro por lo menos, y conducir una motocicleta enorme. Nada que ver con mi bocho que descansaba afuera medio subido a la banqueta.
—Sí —respondí y mi voz salió algo ronca.
—Ojos azules —señaló cambiando por completo el tema.
Había dicho que prefería los ojos claros. Vanidad supongo, ¡qué absurdo! Regularmente cuando alguien se fijaba en mis ojos el comentario venía acompañado de algún otro adjetivo: bonitos, hermosos, bla, bla, bla… pero ella no dijo nada. Sólo constató un hecho, y lo hizo sin pretender halagarme, más bien parecía aburrida.
Enfocó su atención en la libreta que descansaba sobre la mesa redonda y la cerré presuroso. Lo último que necesitaba era que pensara que esa letra era mía.
—Eleuterio, ¿así te llamas? —dijo leyendo la etiqueta pegada en la portada.
—No, la libreta es de un amigo. Yo soy Martín —precisé orgulloso de no llamarme Eleuterio.
 —Común —fue todo lo que dijo ella.
Ante mi cara de sorpresa por su comentario, ella sólo rio. Una risa que me sonó a música. Después de eso, se levantó. Se marchaba y yo no sabía nada de ella, ni siquiera su nombre.
—¿Y tú cómo te llamas? —solté algo desesperado.
—Gloria —respondió, y se dirigió hacia la salida.
Gloria, no podía haber un nombre más adecuado. Reaccioné momentos después y salí a la calle para ver si podía encontrarla. Había anochecido. Los carros circulaban rápidamente y no la vi por ningún lado. Quizás alguien la esperaba.
Entré de nuevo al café con la cabeza gacha y vislumbré el cigarro que reposaba sobre el cenicero, prácticamente sólo quedaba la colilla que estaba pintada de color carmín. Lo tomé y le di una calada impaciente por tener algo que estuvo entre sus labios. Sobra decir que me quemé la boca.
Esa fue la primera vez que vi a Gloria. Mi Gloria y también mi infierno.

jueves, 18 de julio de 2013

Preguntas y respuesta


Hola blogueros, y regreso después de mucho tiempo de ausencia. Resulta que la vida algunas veces se complica y no da tiempo para muchas cosas, pero inicio vacaciones este fin de semana, así que procuraré actualizar el blog más seguido. Ya sé que siempre lo digo, pero ahora sí planeo cumplirlo. Ah, y no se me olvida que tengo deudas pendientes con uno de ustedes, espero y pronto saldarla. Ahora sí, vayamos al punto, les dejo las siguientes líneas que escribí recientemente, como siempre estoy atenta a sus comentarios y sugerencias, ojalá y les guste lo que lean.



PREGUNTAS Y RESPUESTA.


¿Y si te digo que te amo? ¿Y si derrumbo el muro que se ha alzado entre nosotros y construyo un puente? ¿Será posible todavía? ¿Podrá más el amor que las distancias, que las ausencias, que la cobardía?

¿Y si te digo que te amo y la expectativa me consume y no regresas? ¿Qué pasa entonces? Tendría que arreglármelas con los fantasmas, combatir las pesadillas, y tratar de reconstruir una vida que se sustentó de ilusiones, pudo ser y no fue.

¿Y si acaso vuelves? Sé que traerás contigo la felicidad más exultante, y quizás no dure, quizás el tiempo juntos sea apenas un suspiro, pero seguramente servirá para endulzar el resto de mis días, pues si algo sé con certeza, es que no habrá nada más fatídico que el no tenerte nunca.

Sin medir las consecuencias, hay solamente una respuesta... ¡TE AMO! 

domingo, 24 de febrero de 2013

Proyecto febrero - La escena: El clavel.


Hola blogueros, después de varios meses desaparecida con los proyectos de "Adictos a la escritura", ha llegado la hora de volver. Así que aquí les dejo el proyecto de este mes: LA ESCENA. Consistía en desarrollar una escena en la que se incluirían una serie de elementos que nada tendrían que ver con ésta. Yo escogí "un asalto a mano armada", y los elementos fuera de lugar son un cachorro, un globo y un payaso. El proyecto de este mes me pareció muy interesante y no pude dejar de participar, además, después de realizarlo me he quedado con la idea de continuar con la historia, ya me dirán que les parece lo que he escrito, como siempre estoy atenta a sus comentarios y sugerencias.



EL CLAVEL


Le parecía estar sumergida en una especie de sueño. Gritos y llantos desesperados llenaron toda la habitación, hasta que una rasposa voz silenció a todos. Definitivamente la escena resultaba como sacada de una película, sólo que era la vida real y no parecía que las cosas fueran a salir bien.
Contuvo el aliento al ver a los asaltantes amagando al único guardia de seguridad del pequeño banco. Cuando hubieron terminado, uno de ellos se acercó a donde estaba ella. Pudo sentir como una mirada la recorría. Alzó los ojos y encontraron unos de color oscuro. El pasamontañas apenas dejaba ver unas cejas demasiado pobladas que en otras circunstancias le habrían causado risa. A su mente acudió uno de los personajes de Plaza Sésamo, pero sus sentidos estaban tan saturados que no pudo recordar el nombre.
Se distrajo cuando unos globos de colores salieron volando hacia el techo. Su dueño ni siquiera se inmutó: un payaso implicado en un asalto de banco. Cuando entró por la puerta, apenas unos minutos antes, se había sentido sorprendida cuando lo vio. Era la primera vez que veía a un payaso entrar a un banco, pero se dijo que cualquiera podría tener una cuenta allí.
Había un par de niños en el recinto que se acercaron cautivados por los colores de su traje y el montón de globos que llevaba sujetos en la mano. Pero el sentimiento pronto se disipó, cuando de un movimiento el hombre de zapatos enormes, peluca y nariz roja sacó una pistola de entre sus ropas, provocando el llanto de los niños y los gritos de protesta de los infortunados presentes.
El ladrido de un perro volvió a distraerla. Toda la atención del cachorro estaba puesta en los globos que flotaban por encima de su cabeza. Una mujer vestida con ropa deportiva lo llamó y el peludo acudió a su lado moviendo la cola. «Menos mal», pensó. «El sonido del animal me estaba poniendo nerviosa». Casi soltó una risa ante lo absurdo de sus pensamientos.
¿Acaso te estás riendo? —le dijo el hombre con una voz amortiguada por el pasamontañas.
No supo que responder, se quedó quieta y su rostro adquirió un tono pálido.
Déjala en paz —dijo el payaso.
Casi esperaba que la voz de éste fuera débil y algo aguda. Pero por el contrario, era firme y poderosa. El payaso se acercó y rozó con un dedo enguantado una de sus mejillas.
¡Déjala en paz! —esta vez fue una voz distinta la que reprodujo la frase. Un hombre sentado tras un escritorio se había puesto de pie. Una pequeña placa en su camisa decía “gerente”.
—¿La conoces?
—No —respondió quizás demasiado rápido y al delincuente no le pasó desapercibida la mirada angustiada que la chica dirigió al gerente.
—Yo creo que sí. ¡Ponte de pie! —dijo a la chica y ésta obedeció—. ¿Quién es?
—Es mi padre —soltó en un susurro.
Tú puedes abrir la bóveda, ¿no? —preguntó el payaso, esta vez dirigiéndose al gerente.
Un ligero asentimiento con la cabeza le indicó al ladrón lo que quería saber.
Bien. Pues vamos a abrirla y obviamente tu hija viene con nosotros.
Cruzaron el recinto en dirección al pasillo del fondo. Las miradas temerosas de los clientes se clavaron en ella. Quería que esto acabara pronto, que se marcharan con lo que fuera que hubieran ido a buscar, y entonces ella pudiera dejar atrás esas paredes que comenzaban a asfixiarla.
Se detuvieron ante una reja. El gerente buscó en su bolsillo un juego de llaves y la abrió. La bóveda se hizo visible, así como un sofisticado sistema de cerrojos y un panel digital, pero el hombre no hizo ningún movimiento.
¿Qué esperas?
No… No recuerdo… la clave —murmuró.
Y era así, su mente estaba en blanco. Simplemente se había borrado de su memoria en el momento menos oportuno.
¿Acaso estás bromeando? —preguntó el payaso.
De espaldas a él, la chica apoyo sus manos sobre la pared y empezó a reír, provocando sorpresa entre sus acompañantes.
Es obvio que no —respondió por su padre entre carcajadas nerviosas y algo histéricas, girándose para hacer frente a lo que fuera para defender a su padre.
Detrás del maquillaje blanco, el rostro del hombre mostraba confusión y al mirarlo a los ojos le pareció reconocer un toque de diversión.
Deja de reír —susurró y ella obedeció.
Detrás de ellos se escucharon pasos y dos de los hombres con pasamontañas se hicieron presentes, el tercero seguramente seguía custodiando la parte delantera.
¡Vámonos! ¡La policía está por llegar! —gritaron al unísono.
La chica se quedó quieta a un lado de su padre, mientras los dos hombres avanzaban por el pasillo.
¡El robo más estúpido de la historia! ¡¿Y para qué?! ¡Para nada! —gritó uno de ellos en tono desesperado y temeroso, nada propio de un delincuente consumado. Hasta parecía que tenía ganas de llorar
—Eso no es del todo cierto —y el payaso retrocedió hasta detenerse frente a la chica. Se desprendió de un clavel que llevaba en la solapa de su enorme saco y se lo ofreció. Ella no reaccionó —hipnotizada por un momento en sus ojos azules— hasta que él lo agitó delante de su rostro.
—Para ti —le dijo y sonrió.
Ella no supo que hacer, apenas alcanzó a murmurar un dudoso gracias en tanto lo veía salir a la carrera, pero sonrió también cuando él le dirigió una última mirada.
«Seducida por un payaso y el peor ladrón de bancos», se dijo. «¡Qué día tan extraño!». Y por disparatado que sonara, se encontró pensando en si lo volvería a ver, observando con añoranza el clavel rojo que tenía en la mano. Un toque de color en su tan acostumbrada vida gris.  


martes, 19 de febrero de 2013

Mi libro de "Pasión de Navidad"


Hola blogueros, el día de hoy es para compartir, por eso les traigo las primeras fotos en vivo de mi lindo libro Pasión de Navidad (que me llegó hace ya un par de días, sólo que no había tenido tiempo de hacer la entrada), en el que como sabrán participo con un relato. Estoy sumamente emocionada, así que este acontecimiento no podía pasar desapercibido, ya me dirán que opinan que como siempre estoy atenta a sus comentarios.

Portada y contraportada...



Lista de autoras, y en el centro... Liliana Pérez Tenorio (esa soy yo).


Un acercamiento...



Una vista del relato...
  

Pequeños fragmentos...




domingo, 27 de enero de 2013

Ganador "Concurso Navidad en Travesía Literaria"



Saludos blogueros, esta entrada será corta, únicamente para anunciar al ganador del "Concurso Navidad en Travesía Literaria", y como no creo necesario seguir dándole vueltas al asunto, el ganador, con el número 211, obtenido a través de random, es...

¡Muchas felicidades! Puedes reclamar tu premio en la siguiente semana, deberás mandarme al mail de contacto (que puedes encontrar en la barra lateral derecha) todos tus datos, dirección y demás, para que a la brevedad posible puedas estar disfrutando de tu premio. ¡Enhorabuena! 

Muchas gracias a todos por participar, no será el único concurso que realice, habrá más, así que no se desanimen y mucha suerte para la próxima. ¡Saludos!